¿Se puede medir la felicidad?

March 8, 2019

 

  

Toda decisión que, por ejemplo, tomamos como padres para con nuestros hijos, constituye un medio para lograr aquello que podría sintetizarse en el deseo de que sean felices. Esta palabra, felicidad, forma parte del repertorio cotidiano y representa un elemento central para el sentido de existencia de los sujetos, las familias, las comunidades, que no han sido aún abordado cabalmente por ciertas disciplinas científicas. Es que existen críticos que argumentan que la felicidad es un concepto amplio y vago y, por lo tanto, dudan de que alguien pueda medir la felicidad científicamente. A pesar de esto. En los últimos años se han multiplicado los estudios que intentan abordar este tema tan complejo.

 

El foco de la investigación se centró en dos estados relacionados: el placer y el deseo. Los sistemas de recompensa cerebrales son claves para ambos. En estudio de neuroimagenes funcionales se observó que la corteza orbitofrontal, una región de nuestro cerebro desarrollada más recientemente desde el punto de vista evolutivo, se relaciona con reportes subjetivos de placer. Asimismo se ha demostrado que emociones opuestas (por ejemplo, tristeza y felicidad) no son concebidas en el cerebro como antagónicas, y muchos autores sostienen que esa es la base fisiológica que explica los sentimientos encontrados. De hecho, en un estudio que analizó los resultados de 106 trabajos sobre activación cerebral frente a emociones, no pudo encontrarse una región específica para la felicidad y otra para la tristeza. En cambio, como hemos dicho, si pareciera existir una red compleja qué regula nuestras emociones.
 

 

El desafío de saber de qué se trata la felicidad ya existía en disciplinas humanística como la filosofía desde tiempos de Aristóteles. Y también se manifestó en nuestro pasó inmediato y emergente cada vez más en el presente como cuestión ligada a las ciencias sociales.
El concepto de la felicidad ha penetrado en el campo de la política a partir de que el rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, en 1972 desarrolló el concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB) como respuesta a las críticas recibidas sobre la constante pobreza económica de ese país, cuya cultura estaba basada principalmente en cuestiones espirituales.


La FNB define la calidad de vida en términos más holísticos y psicológicos que el conocido Producto Interno Bruto (PIB). En todo caso, el incremento del PIB representaría solo un peldaño para lograr el crecimiento del FNB.
Los avances científicos son el resultado de cierta capacidad inquietud que define al ser humano como tal: la búsqueda permanente del conocimiento. Pero estos, Como cada acción que se realiza en la vida cotidiana, o lo qué hacen las sociedades con sus planes y sus elecciones deben conducir a la promoción del bienestar, es decir, crear las condiciones de la felicidad. Doble desafío para la ciencia, entonces, es un deber de abandonar ese camino y entender, a la vez, el cuál es el mapa de ese estado al que peregrinamos.

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